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LA MUJER DEL SIGLO XXI Y SU PROYECTO VITAL
 

La mujer del siglo veintiuno ha asumido poder en todos y cada uno de los campos de su vida con el compromiso, la carga y la demanda que ello implica.

A lo largo del siglo veinte la mujer se independizó. En casi todas las etnias y desde tiempo inmemorable, los hombres han dominado la relación de género dada su fuerza física.

El hombre fue el distribuidor, el cazador, quien proveía el comestible a la familia o bien a la comunidad, y le daba seguridad a su clan. La mujer, en una gran parte de su vida, encinta o bien amamantando, se concentró en el cuidado de la cría.

Entonces la mujer, al depender del hombre se subordinó a él y bajo el control del "macho", admitió la ideología y la cultura patriarcal. Llamado "machismo" en tiempos modernos.

De esta manera, transcurrieron miles y miles de años hasta el momento en que empezó el periodo de liberación femenina que consigue sus mayores logros a lo largo del pasado siglo.

Incluso quedan metas por lograr y discriminaciones, como las salariales y otras que tendrán que resolverse. No obstante, la mujer pudo estudiar, votar, igualar sus derechos, trabajar, expresarse, meditar, decidir su destino, querer, gozar su sexualidad, opinar y tomar resoluciones sobre su vida y su ambiente.

La mujer de el día de hoy tiene exactamente los mismos derechos del hombre y también iguales responsabilidades y obligaciones. Cambió el orden social y cultural, lo que por su parte le asignó nuevas responsabilidades.

Esto ha hecho que su personalidad se desarrolle. Se desempeñan en todos y cada uno de los campos del menester humano, en el arte y la ciencia, en la tecnología, en la conducción del hogar, en la toma de resoluciones, en la iniciativa sexual, en todas y cada una de las cosas de la vida. Además de esto, sin perder sus funciones naturales maternales y su femineidad.

Los cambios han provocado del mismo modo transformaciones sicológicas. De fémina sumisa, obediente y dependiente pasó a ser libre, independiente y autónoma. La mujer aceptó poder, en su casa, en el trabajo, en la política, en la sociedad con el compromiso, la carga y la demanda que ello implica.

Las mujeres han ido encontrando un equilibrio sin perder su femineidad y fertilidad, con la nueva vida con sus seres queridos y en sociedad, tal como en el área laboral o bien profesional.

Estos cambios en entre los 2 elementos de la humanidad han causado de igual forma alteraciones en su compañero de vida, el hombre, quien ha debido amoldarse a la competencia en estadios que le eran reservados.

Ha debido ceder poder, compartir el placer y admitir labores y funciones que suponía y creía eran de exclusividad femenina como la crianza de los hijos o bien las tareas de limpieza y también higiene de la casa.

Si bien existe gran diversidad, en dependencia del género de sociedad -matriarcado, patriarcado, cazadores colectores, agrícola, etc- y de la filiación, puede decirse que desde la prehistoria, las mujeres, como los varones, han asumido un papel cultural particular en general distinguido.

En sociedades de caza y recolección, las mujeres prácticamente siempre y en todo momento eran las que recogían los productos vegetales, al paso que los varones proveían la carne a través de la caza.

A raíz de su conocimiento profundo de la vegetación, la mayoría de los antropólogos piensan que fueron las mujeres quienes condujeron las sociedades viejas cara el Neolítico y se transformaron en las primeras labradoras.

En la Edad Media, los autores masculinos, pertenecientes a una alcurnia, religiosos, tratadistas laicos y sobre todo, reverendos, charlaron de las condiciones y conductas que les demandan a las pequeñas, a las jóvenes y a las mayores.

La conducta femenina fue pautada para cada instante y situación de la vida. Prácticamente siempre y en todo momento la edad corresponde a un estado civil y a una función conforme a ella. Tal es con lo que la mujer se representaba en la imagen de la novia, la prometida, la casada, la viuda, esto es, siempre y en toda circunstancia ligada implacablemente a un varón que debía responsabilizarse de ella y su conducta. El papel más esencial atribuido a la mujer era el de esposa y madre.

En la historia reciente, las funciones de las mujeres han alterado enormemente. La burguesía trajo consigo una nueva concepción de la familia donde la mujer desempeñaba un papel limitado al hogar.

Hasta entonces la mujer había participado, si bien de modo diferente al hombre, en labores de suministro y trabajo para la supervivencia familiar fuera del domicilio o bien hogar.

Las funciones sociales tradicionales de las mujeres de la clase media consistían en las labores familiares, acentuando el cuidado de pequeños, y no acostumbraban a acceder a un puesto retribuido.

Para las mujeres más pobres, sobre todo entre las clases obreras, esta situación era en ocasiones un propósito, en tanto que la necesidad económica las ha obligado a lo largo de un buen tiempo a buscar un empleo fuera de casa, si bien las ocupaciones en que se empleaban de forma tradicional las mujeres de clase obrera eran inferiores en prestigio y sueldo que aquellas que hacían los varones.

Ocasionalmente, el liberar a las mujeres de la necesidad de un trabajo retribuido se transformó en una señal de riqueza y prestigio familiar, al tiempo que la presencia de mujeres trabajadoras en una casa indicaba a una familia de clase inferior.

En la vieja grecia la mujer ni se miraba. Las mujeres no tenían derecho a nada. Los matrimonios eran arreglados por las familias. El único trabajo de la mujer era tener hijos.

No tenían derecho al voto y ninguna voz propia con temas de la casa o bien la familia. Las mujeres de roma, del otro lado, tenían muchas pero libertad. Las mujeres, se consideraban como la mano izquierda de los maridos.

La mujer de España a lo largo de la conquista de América, viajaba con su esposo o bien si no llegaba lo pronto posible, a su ubicación.

Para el hombre, estar casado era un beneficio; se respetaba a los hombres casados con hijos. Del mismo modo para la mujer era un beneficio, singularmente si estuviese con un hombre de alto título, entonces  andaba con riquezas y poder.

Cuando los conquistadores se iban a misiones, las que se ocupaban de sostener las cosas corriendo en los territorios conquistados eran las mujeres españolas. Estas mujeres aportaron considerablemente al proceso de la conquista de América.

Las mujeres nativas y africanas, se consideraban mujeres guerreras y asistentes en el periodo de conquista.

Los conquistadores españoles se encaraban a estas mujeres poderosas a lo largo de sus invasiones. No se echaban cara atrás al instante de luchar a los europeos contra sus armas.

En lo opuesto la estrategia de los europeos fue, usar a las mujeres españolas para supervisar las sociedades nativas y a exactamente la misma vez comenzar la transmisión cultural. El meditar era que los hombres guerreros no iban a sublevarse estando mujeres y pequeños presentes.

En el Siglo XIX, se ve la transformación de la mujer. En la parte social, política y económica. En esta etapa se fueron moviendo más las feministas para la igualdad de género.

Las mujeres en países de primer mundo, recibieron libertad en el sentido de expresión hasta poder ser una parte del planeta laboral. En mil novecientos setenta y nueve, se aprobó la Supresión de todas y cada una de las formas de Discriminación contra la Mujer.

Este acontecimiento, aprobado por la Reunión de Naciones Unidas, fue un logro para las mujeres quienes lucharon por sus derechos en la sociedad. La mujer por medio de la historia ha debido luchar muchos inconvenientes.

Con los siglos los derechos, papeles y estereotipos de las mujeres han evolucionado; desde la Edad Media hasta el Siglo veintiuno.

Los derechos humanos de la mujer, define la discriminación contra la mujer como "toda distinción, exclusión o bien limitación basada en el sexo.

El movimiento feminista ha perseguido el reconocimiento de la igualdad de ocasiones y la igualdad de derechos para las mujeres. Las contrariedades para conseguir este reconocimiento se han debido a factores históricos, en combinación con las costumbres y las tradiciones sociales.

Hoy en día, debido a los cambios económicos, el apoyo del poder económico y las reivindicaciones del movimiento feminista y otros movimientos de derechos humanos, las mujeres tienen acceso a carreras y trabajos afines a los de los hombres en la mayoría de las sociedades.

En muchas sociedades modernas las mujeres tienen plena igualdad jurídica tanto en el campo laboral como en el familiar, pudiendo ser cabezas de familia, detentar cargos altos tanto en política como en grandes empresas. Conque podría decirse que las condiciones de las mujeres han mejorado.

Ciertas corrientes feministas cambian continuamente el significado de la palabra mujer, entendiéndose que la categoría mujer está de manera estrecha vinculada a la expresión de genitalidad, con lo que a menudo se supone que mujer es aquella cuya expresión gonádica es igual a XX.

Esta articulación discursiva se aguanta sobre fundamentos biológicos y esencialistas. La naturalización del término impide su cuestionamiento, dogmatizándolo. No obstante, desde diferentes corrientes feministas, esto ha sido criticado.

El rol sexual y el ejercicio de la sexualidad son en sí, construcciones socioculturales motivadas por un mecanismo de control social, y de una reproducción de las estructuras de poder.

Además de esto, la categoría mujer se conceptúa en la medida en que opuesta a la categoría hombre, formando de esta forma un binomio, mutuamente excluyente, desde el como se articula la distinción de sexo (femenino - masculino, respectivamente).

En esta situación existe opresión social cuando las personas no reproducen los esquemas preestablecidos conforme a lo aguardado, limitando la diversidad sexual, suprimiendo y dejando al lado fenómenos como la transexualidad y la intersexualidad.

El sufragio femenino ha sido garantizado y anulado, múltiples veces en múltiples países del planeta. En numerosos países, el sufragio femenino se ha garantizado ya antes que el sufragio universal; de esta forma, una vez concedido este, a mujeres y varones de determinadas razas, todavía se les proseguía negando el derecho a votar.

El primer sufragio femenino, con exactamente las mismas peculiaridades propias que el masculino, se garantizó en Nueva Suéter en mil setecientos setenta y seis, si bien anuló en mil ochocientos siete. Pitcairn garantizó el sufragio femenino en mil ochocientos treinta y ocho.

Múltiples países y estados garantizaron un sufragio femenino limitado en la segunda mitad del siglo XIX, comenzando por Australia del Sur en mil ochocientos sesenta y uno. El primer sufragio femenino sin limitar, en lo que a derecho a votar se refiere, en tanto que a las mujeres no se les dejaba presentarse a elecciones, se garantizó en N. Zelanda en mil ochocientos noventa y tres.

La primera mujer en ejercer formalmente el derecho al voto político en América Latina fue M. Noble de Procel en mil novecientos veinticuatro, en la urbe de Loja, transformando al Ecuador en el primero de la zona que dejó el voto femenino.

No obstante no se descarta precedentes brotes de lucha por la participación de la mujer en la política. Probablemente M. Noble de Prócel, quien por si fuera poco sería la primera mujer en recibirse de una carrera y doctorarse en medicina en el Ecuador, abrazaría la repercusión de un esencial movimiento femenino chileno por el derecho al sufragio que "apoyándose en la resolución del ministro Zenteno, se anotó para votar por B. Vicuña Mackenna en las elecciones presidenciales de mil ochocientos setenta y seis.

Al calor de la campaña antioligárquica de este aspirante, las mujeres demandaron el derecho a sufragio y, pese a la negativa de las autoridades, alcanzaron a anotarse en La Sosiega.".

Durante la historia, en la mayor parte de las etnias, las mujeres han sido sometidas a estructuras patriarcales que les han negado los derechos humanos más esenciales.

Las leyes viejas y los sistemas tradicionales, como el cristianismo y el islamismo, antecedentes de los sistemas modernos, han provocado la dependencia de la mujer, de forma equivalente a la esclavitud, a la explotación de las clases desfavorecidas y a la mano de obra.

Entre las razones podría ser el fortalecimiento y mantenimiento del poder y de la actividad económica y de igual forma se patentiza que quienes resultan sometidos son vistos, por los explotadores, como seres inferiores, inmaduros, infantiles, desalmados o bien degenerados. (Véase el artículo Prejuicio cognitivo)

La Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana fue un texto redactado en mil setecientos noventa y uno por Olympe de Gouges21 veintidos emulando la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano del veintiseis de agosto de mil setecientos ochenta y nueve, el texto esencial de la revolución francesa.

Es entre los primeros documentos históricos que plantea la emancipación femenina en el sentido de la igualdad de derechos o bien la equiparación jurídica y legal de las mujeres con relación a los varones.

En ciertos países la mujer ha tardado muchos siglos en lograr igualdad, si bien solo sea teorética, frente a la ley. Y todavía cuando la ley hable de igualdad, acostumbra a haber un enorme abismo entre la teoría y la práctica.

La publicación de las Naciones Unidas titulada The World’s Women—1970-mil novecientos noventa dice: “Esta brecha [en la política gubernamental] ha quedado recogida en una gran parte en las leyes que niegan a la mujer la igualdad con el varón en lo relativo a sus derechos de posesión de tierras, petición de préstamos y firma de contratos”.

Una mujer de Uganda declaró: “Seguimos siendo ciudadanas de segunda clase... o bien de tercera clase más bien, puesto que nuestros hijos varones van delante nuestro. Hasta los burros y los tractores reciben en ocasiones mejor trato”.

El libro Men and Women, editado por Time-Life, dice: “En mil novecientos veinte, la Decimonovena Enmienda de la Constitución de E.U. garantizó a las mujeres el derecho al voto, mucho después que en bastantes países europeos. Mas en el R. Unido no se les concedió ese privilegio hasta el año mil novecientos veintiocho ...”.

Como queja por la injusticia política a la que se sometía a las mujeres, Emily Wilding Davison, sufragista británica, se echó delante del caballo del rey en el derby de mil novecientos trece, y perdió la vida. Se transformó en una mártir en la causa de la igualdad de derechos para la mujer.

El propio hecho de que en datas tan tardías como el año mil novecientos noventa el senado de USA decretase el decreto Violence Against Women Act, señala que las legislaturas dominadas por el varón han sido lentas en el momento de contestar a las necesidades de la mujer.

Por este motivo, la mujer y el hombre del siglo veintiuno, si desean edificar una sociedad basada en la justicia, deben trabajar juntos por la igualdad de género, desamparar el "machismo" y el "feminismo" y comprender que hombres y mujeres somos las partes de una sola unidad.


 

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